CARBONEROS.
Pequeño
municipio de la comarca Norte situado en el centro
este de la comarca y atravesado por la autovía de
Andalucía. Predominan las tierras dedicadas a
pastos permanentes, en parte adehesados, en los
que se encuentran algunas ganaderías y son ricos
en caza menor. No obstante, es el olivar el
soporte económico del municipio, al que contribuye
el empleo que supone la industria del vecino
municipio de La Carolina.El nombre de esta
población hace mención a su riqueza y antigua
actividad minera que se remonta a los tiempos del
general cartaginés Aníbal. En las referencias que
aparecen en las fuentes escritas de las minas de
plata de la zona de Cástulo se menciona el Pozo de
Baebelo, identificado con el poblado minero de Los
Palazuelos, en el término de Carboneros, del que
Aníbal obtenía grandes cantidades de plata. Tras
la conquista romana la mina siguió siendo
explotada como atestiguan las fuentes y los
materiales cerámicos localizados.
La actual configuración urbana y paisajística de
Carboneros tiene la impronta de los pueblos de
colonización fundados en 1767, bajo el patrocinio
del rey
Carlos III y la dirección del intendente Pablo
de Olavide, dentro del programa de las Nuevas
Poblaciones.
Este proyecto pretendía colonizar amplias zonas
desiertas de Sierra Morena, poblar una zona franca
para el bandolerismo y poner en cultivo zonas
potencialmente ricas pero entonces agrestes y
desérticas por su abandono. El modelo de
colonización refleja el pensamiento ilustrado, una
combinación de utopía con reformismo social y
político. Se proyectó una sociedad campesina ideal
de propietarios de tipo medio, que pudieran ser
autosuficientes, y se les facilitaba lo necesario
para su puesta en cultivo.
En 1767 llegaron los primeros colonos traídos por
el aventurero bávaro Thürrieguel desde distintos
puntos de Europa central. La puesta en marcha no
fue fácil, acompañada de un cúmulo de dificultades
y desencantos. En Carboneros el proceso se inició
con la construcción de cinco casas, una iglesia,
un recinto dedicado a cárcel y un pósito. El
proceso se fue consolidando poco a poco, a
principios del XIX ya contaba con unos 515
habitantes. A mediados de la mencionada centuria
su actividad productiva se había especializado en
el aceite, lo que propició el auge de este
asentamiento, que a principios del XX casi
duplicaba su población, con un total de 983
habitantes.
Pero la novedad de este proyecto no sólo estribaba
en el nuevo modelo social que se proponía para
estas localidades o en la nueva organización
agraria, sino también en que se dibujaba un
urbanismo totalmente diferente al que hasta
entonces caracterizaba a los pueblos españoles.
Carboneros presenta uno de los trazados más
interesantes, con el clásico trazado ortogonal,
compuesto por una calle principal longitudinal,
formándose una plaza elíptica en la incurvación de
la misma. En este espacio sobresale por su
monumentalidad el orden clásico de la iglesia, a
los lados hay dos casas destinadas a los poderes
civil y religioso. Enfrente de la iglesia se sitúa
el pósito que con una sencilla portada cierra el
otro lateral de la plaza.
Dependientes de Carboneros se crearon varias
aldeas: El Acebuchar, La Mesa y Los Cuellos, cuya
finalidad era la de acercar al campesino a su
tierra. Unas aldeas construidas sobre un trazado
preestablecido bajo los preceptos clasicistas de
simetría y orden.
El nombre de esta población hace mención a su
riqueza y antigua actividad minera que se remonta
a los tiempos del general cartaginés Aníbal. En
las referencias que aparecen en las fuentes
escritas de las minas de plata de la zona de
Cástulo se menciona el Pozo de Baebelo,
identificado con el poblado minero de Los
Palazuelos, en el término de Carboneros, del que
Aníbal obtenía grandes cantidades de plata. Tras
la conquista romana la mina siguió siendo
explotada como atestiguan las fuentes y los
materiales cerámicos localizados. La actual
configuración urbana y paisajística de Carboneros
tiene la impronta de los pueblos de colonización
fundados en 1767, bajo el patrocinio del rey
Carlos III y la dirección del intendente Pablo
de Olavide, dentro del programa de las Nuevas
Poblaciones. Este proyecto pretendía colonizar
amplias zonas desiertas de Sierra Morena, poblar
una zona franca para el bandolerismo y poner en
cultivo zonas potencialmente ricas pero entonces
agrestes y desérticas por su abandono. El modelo
de colonización refleja el pensamiento ilustrado,
una combinación de utopía con reformismo social y
político. Se proyectó una sociedad campesina ideal
de propietarios de tipo medio, que pudieran ser
autosuficientes, y se les facilitaba lo necesario
para su puesta en cultivo En 1767 llegaron los
primeros colonos traídos por el aventurero bávaro
Thürrieguel desde distintos puntos de Europa
central. La puesta en marcha no fue fácil,
acompañada de un cúmulo de dificultades y
desencantos. En Carboneros el proceso se inició
con la construcción de cinco casas, una iglesia,
un recinto dedicado a cárcel y un pósito. El
proceso se fue consolidando poco a poco, a
principios del XIX ya contaba con unos 515
habitantes. A mediados de la mencionada centuria
su actividad productiva se había especializado en
el aceite, lo que propició el auge de este
asentamiento, que a principios del XX casi
duplicaba su población, con un total de 983
habitantes. Pero la novedad de este proyecto no
sólo estribaba en el nuevo modelo social que se
proponía para estas localidades o en la nueva
organización agraria, sino también en que se
dibujaba un urbanismo totalmente diferente al que
hasta entonces caracterizaba a los pueblos
españoles. Carboneros presenta uno de los trazados
más interesantes, con el clásico trazado
ortogonal, compuesto por una calle principal
longitudinal, formándose una plaza elíptica en la
incurvación de la misma. En este espacio sobresale
por su monumentalidad el orden clásico de la
iglesia, a los lados hay dos casas destinadas a
los poderes civil y religioso. Enfrente de la
iglesia se sitúa el pósito que con una sencilla
portada cierra el otro lateral de la plaza.
Dependientes de Carboneros se crearon varias
aldeas: El Acebuchar, La Mesa y Los Cuellos, cuya
finalidad era la de acercar al campesino a su
tierra. Unas aldeas construidas sobre un trazado
preestablecido bajo los preceptos clasicistas de
simetría y orden.
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